Mis ganas eran abusdurdas,
te buscaba en mitad de la nada,
Pues a veces, te perdias...
Te refugiabas en el filo de mi falda,
Era inutil perseguir el perfume de tu cuerpo,
Tu sudor juntandose con el mio,
Mis gritos, retorciendome de placer,
Yo en mi gozo, buscaba tu mirada.
Pero ahora mismo, ya no queda nada.
Acabo esta misma madrugada,
Un abrazo y ninguna palabra,
Dejando que el segundero, marcara la marcha.
Cuando echaste andar y desapareciste,
Recorde que no existe un mañana,
Te escribire cada noche,
Relatando estos fantasmas.
Recordaré cada momento con calma,
Sin perder la esperanza.
Tuya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario