
Recuperándose del brote del nerviosismo,
Un gran alivio encontraría,
El agua prácticamente rozaba su alergia a la monotonía,
Solo un gran resoplo la valdría, para saltar con valentía.
Al tirarse, esa milésima de segundos la valió para dejar atrás el peso del dolor.
El agua empezó a salpicar su piel erizada,
sintiendo con fuerza la presión del impulso,
mientas se perdía por las olas de un mar en calma.
Sus pensamientos se despejaban, sus miedos se ahuyentaban,
No había marcha atrás, todo se distanciaba mientras el reloj avanzaba,
pero el tiempo avanzaba y mientras tanto ya todo se quedaba en un pasado.
Un pasado pisado, con vistas de la llegada al otro extremo de la orilla.
Sus primeros pasos al salir, no se reconocía, pues el agua la resbala por todo su cuerpo,
Como sus preocupaciones también caían,
En ese momento otra mujer nacía, porque no hay nada mas valiente,
que luchar por una eterna sonrisa.
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